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jueves, 20 de octubre de 2011

LA VANIDAD DE LOS HOMBRES




Carta a mis papás en la cual el autor agradece su entregado empeño por educarlo en el espíritu constructivista, en la atención y dedicación permanente a los demás, en la senda de la verdad y en la virtud, en el trabajo y en el estudio, en el camino recto y próspero de la vida, lo cual le proporcionó en extenso amor, felicidad y riqueza, haberes y bienes, placeres y días de vino y rosas.


Querido papá:
           
            Soy tu único hijo y me conoces muy bien. Desde que tuve uso de razón siempre me he dejado guiar por ti, por tus atinados consejos. Constantemente te consulto antes de actuar, de tomar partido, de elegir. Te admiraba, te admiré, te admiro. Te quiero. Tú sabes que te quiero. Tú elegiste el día de mi bautizo, me diste tu mismo nombre, me otorgaste tu noble apellido,- Espiérrez de la Mata y Pérez de Hoz Hortelano-, me matriculaste en el mismo liceo donde años atrás habías obtenido brillantes calificaciones, aquél en el que el abuelo había realizado importantes donaciones y subvencionado las actividades deportivas. Una placa de bronce y el nombre del centro son el recuerdo de tan generosa aportación. Fuiste premio extraordinario, creo recordar, en los Maristas. Igual que yo (aunque, la verdad, no me lo explico). Tú guiaste mis primeras oraciones, me regalaste la primera bicicleta, me aconsejaste en la elección de mis asignaturas optativas en cuarto, encaminaste mis creencias hacia la fe, confesé por ti mi amor a San Ignacio, me afiliaste a las Juventudes del Partido, me revelaste los enormes secretos que esconde por naturaleza una mujer y los inagotables entresijos de su inextricable vanidad. Estudié Económicas, para dirigir la empresa, me casé con Lupita, la heredera de galletas Hórreo, y tenemos dos hijos, él y ella. Son tus nietos queridos. Vivimos en nuestra humilde mansión, en la milla de oro, disponemos de diez personas de servicio, sin contar jardineros. Visto trajes de Antonio Miró y Valentino, a veces, por variar, de Carl Lagerfeld. Las camisas siempre italianas y el paño inglés. Como el abuelo. Como tú. Me gustan los Jaguar y los Bentley. Voy al Club de Golf, fumo puros Cohiba, importados directamente de Cuba, como Rajoy. Por ello te estaré eternamente agradecido, papá. Soy un hombre de bien, hecho y derecho.

Querida mamá:

Y tú mamá, tan elegante, tan sencilla. Tan preocupada por mi educación, por el tono de mi voz, por la correcta adecuación de mis palabras a mis gestos, por mi aseo y por impecable indumentaria. ¡Cómo te has esmerado conmigo! ¿Recuerdas que me reconvenías a la hora del café?
            - Francisco, hijo, el pocillo se sostiene con el pulgar y el índice de la mano derecha. Sostén con tersura la cucharilla de plata y remueve lentamente el líquido de la porcelana de Leeds, sin agitadas violencias que provoquen un indecoroso derrame. Aguarda, por lo menos, a que entibie el café y sonríe a tu anfitriona, esperando su aprobación. Lleva entonces la taza a los labios y declina ligeramente el borde hacia la mitad del labio inferior y evita en extremo la secreción de saliva, que luego la gente mira, habla, comenta y critica, por este orden gradativo. Ingiere el café en pequeñas dosis, Francisco, no más de diez ni menos de ocho, pues está muy mal acabarse el café en breve tiempo y la gula provoca gases que deberás reprimir antes de que lleguen a tu boca, mediado el esófago. No abuses del azúcar, por favor. Siempre habrá alguien que en tu desmesura te juzgará por goloso o por aprovechado demás. Si es casa de confianza, podrás acompañar la bebida de una pasta con cobertura de chocolate belga, fondant, pero no consumas más, que engordan.

-Sí mamá, gracias mamá, te quiero mamá.


Gracias a ti y a papá. Y a la buena educación.


1 comentario:

  1. Lembreime de ti co de poñer de onde eran as prendas ;) O que pasa é que ao principio dábame moooooita preguiza... Non me preguntes por qué, dado que non se tarda nada jajajajjajajaj
    Un biquiño guapísima :)

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